PERLA NEGRA: PUTA RELATIVA, ÚNICA Y ESPECIAL

31 Ene

Hace algún tiempo alguien me dijo que las palabras por si mismas no valen nada; lo que pesa sobre ellas no es la intención de quién las pronuncia o escribe sino de quién las recibe.

Uno le da a las palabras el valor que uno desee.

La primera vez que me llamaron puta yo tenía dieciséis años; en aquel entonces poco sabía de sexo o del intercambio monetario que las sexo-servidoras realizan; la persona que me lo dijo era una vecina que vivía eternamente enojada con mi madre; me llamo puta por estorbar su camino.

Años después, conforme crecí y llegué a ser la persona que ahora soy me llamaron puta por haber tenido relaciones sexuales, aunque nadie jamás me pagó por decidir sobre mi cuerpo ni por ejercer mi sexualidad.

Ellas me llamaban puta porque yo era libre, ellos me llamaban puta por las mismas razones.

Me han llamado puta por tener sexo y también por negarme a tenerlo; me han llamado puta por no vivir de acuerdo a los estándares morales seguidos no solo por hombres sino también por mujeres.

He sido puta por negarme a aceptar un papel que la sociedad ha creado, por no aceptar un rol impuesto; y es que el significado de ser puta en este lugar ya es un asunto relativo:
Heterosexuales, bisexuales y lesbianas han sido llamadas putas, amas de casa, trabajadoras y estudiantes también. La “putez” es como la muerte, no respeta color, raza, religión ni condiciones sociales. Somos putas para ellos y putas para nosotras mismas.

Si una mujer muestra su cuerpo, es puta.
Si una mujer tiene relaciones con más de una pareja sexual, es puta.
Si una mujer no llega virgen al matrimonio es puta.
Si una mujer no cree en el matrimonio, si…también es puta.
El ser putas en nuestro estigma, nuestra letra escarlata, negra o neón –según los gustos personales-

Todo lo que hagamos, pensamos, deseemos, anhelemos o callemos nos convierte en putas.

¿Por qué? Por qué en la historia de la humanidad, toda aquella mujer que haya tomado las riendas de su propia vida, que haya vivido de acuerdo a su voluntad y que se haya opuesto con firmeza a un yugo ha estado ligada a la magia y a la libre sexualidad. Lo único que cambiará es el significado que la mujer le dé a esa palabra. Podemos seguir permitiendo que la usen como una espada en contra nuestra o podemos hacerla nuestra de una manera distinta.

Después de todo soy una puta desde los dieciséis años; ya sea por qué me puse en el camino de una mujer frustrada que creyó que mi sexualidad era una ofensa o simplemente por tener en mis manos el poder de mi existencia…

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VEN A MI CASA ESTA NAVIDAD!

24 Dic

Navidad del año 2016… Soltera

El balance parece aterrador, pero la verdad es que he llegado al 24 de diciembre de este extraño año amándome más de lo normal, pues así como el peor día de tu vida es es ese en el que te acuestas sin aprender nada nuevo, el peor año es ese en el que no tienes nada nuevo que contar, así que teniendo demasiadas cosas que decir, fue un buen año con todas sus altas y sus bajas. Este año hice muchas cosas sola desde ir al cine hasta tomarme un café tranquilamente. Hay muchas cosas que no nos atrevemos a hacer sol@s y que pueden ser un gran descubrimiento. Los invito a que de vez en cuando se concedan el capricho de tomarte un café sol@ o de ir al cine a ver esa película que han estado buscando desde hace tiempo. Dedicarse tiempo a si mism@s y a lo que realmente les apetece hacer. Claro también compartí con muchos amigos, viejos y nuevos…recordando que abrí este año con broche de oro en una #SexParty junto a un grupo de buenos secuaces.

Personalmente, soy especialista en coleccionar locuras por estas fechas, y debo decir que este año ha sido muy prolífico en el tema. No obstante, debo decir que los momentos más “tragame tierra” de este año con tinte político y confusión de ciudad caótica, fueron los que de una manera u otra amenazaron con acabar con nuestras hermosas tradiciones, aún está latente el tema político que nos mantiene en jaque desde hace 18 años, parece que nos dedicamos a aguantar y así….Mi querida Venezuela parece un muñequito “porfiao” de esos que intentas tumbar y solo se balancea para levantarse nuevamente triunfante, pero no deberíamos conformarnos solo con eso. Sin embargo nos empeñamos en ser felices y en continuar sonriendo a pesar de todo.

Soy oriunda de Ciudad Bolívar, pequeño pueblo (con aires de capital olvidada) ubicada al Sur de Venezuela, en la pata del río padre Orinoco, en el Estado de los tepuyes y el macizo guayanés, Bolívar, tierra de gente guerrera y llena de optimismo, dicen que de mujeres calientes y hombres muy machos (esto está por comprobarse), nací en el Hospital universitario Ruíz y Páez un 13 de octubre a las 4:00 am, momento preciso en el que el mundo dijo: “Nació otra CDM, bienvenida sea”. Mi pueblo amado en este diciembre sufrió el peor ataque interno de su historia, al saquear casi todos los comercios, obra de unos cuantos hampones, porque aquí todavía hay gente honesta, esta es la ciudad a la que siempre vuelvo, porque es aquí donde siento que mis raíces me dan vida. La gente que lea esto dirá: “Es un pueblo sin vida” pero es que la vida de los lugares somos las personas que lo habitamos, si no tiene vida, es porque tú mismo estás muerto caminando por allí sin darte cuenta. Hago referencia a esto, porque muchos creerán que por todo lo que pasamos debemos echarnos a morir sin derecho a un rato de felicidad, pues NO! nos rebelamos y seguimos sonriendo, nos llenamos de valor y nos levantamos para demostrarle a las nuevas generaciones como seguir adelante ante las dificultades!.

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Ante todo debemos enseñarles a no perder las tradiciones, porque eso es lo que nos mantiene a través del tiempo. A pesar de que tenemos algunas que no son nuestras, sino adoptadas por aquello de la globalización, gozamos un mundo poniéndolas en práctica por ejemplo, el árbol de navidad a veces sufre ciertos percances. O el perro lo tira o se cae solito por el peso de todos los adornos. ¿Te ha pasado alguna vez? o alguno de tus familiares o tu mamá se ponen súper intensos a la hora de decorar el árbol, porque tiene que quedar “perfecto” y si tratas de ayudar, probablemente lo tengan que quitar y volver a poner porque “tú no sabes cómo hacerlo“, pero en cambio, si no ayudas, te tachan de Grinch porque no cooperas con la familia. ¿Te suena familiar?

*Cosas que pasan en navidad

  • ¡La comida es excelente! No hay ninguna época del año donde se coma más rico que en Navidad y Año Nuevo, pero claro, después de eso, tendrás que ponerte a dieta, aunque es Venezuela eso no es ningún esfuerzo, jajajajajajatumblr_mpll0h11qn1syeot2o1_500
  • Una de las costumbres más tradicionales de Venezuela es compartir las hallacas domésticas con amigos y familias. Me explico, para mis queridos lectores de otras latitudes: La hallaca es un plato típico navideño Venezolano que se prepara con harina de maíz, guiso de carne, alcaparras y se cuece en hoja de Plátano. Cuando está lista, la combinación es suculenta y el aspecto del plato es de una sólida pieza de harina de un tentador color amarillo. Si es de otro color, sospeche, allí algo no está bienc0csat0weaadh3h
  • Siempre tienes un hermano, primo, prima, tíos, etc que van a beber de más, únete y  hagan juntos la noche!!!!

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  • Prendes la tele y lo único que hay son películas de Navidad: El Grinch, Los Fantasmas de Scrooge, El Regalo Prometido, Mi Pobre Angelito, El Expreso Polar, etc… y si te va muy mal, podrás encontrar algo como: “El burrito que llegó a Belén” o cosas así de hace años.

Y eso que no he hablado de sexo… jajajajajaja vamos a dejar que cada quien recuerde sus momentos, dirija la mirada hacia arriba y a la derecha para recordarlos y sonreir o… meterlos en la papelera por malos, pero no dejen pasar estas fiestas sin tener todo el sexo que la vida les pueda proporcionar, dejense de mariqueras y solo concéntrense a disfrutar plenamente y sin remordimientos y BAH!! Olviden los barrancos, siempre tendremos barrancos en nuestra historia sexual, después de todo también de barrancos se vive, jajajajajajajaaj

FELIZ NAVIDAD 2016!!!

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LOS CUENTOS DEL BAGRE

10 Dic

Quizás, la Rebeldía tiene mucho que ver con el Ego, con esa conciencia muy clara que todos tenemos sobre nuestras propias capacidades y habilidades. En mi caso, todas mis formas de expresión, todas las maneras que he encontrado para entender el mundo, han sido a través del arte, por medio de esa insistente e incontenible necesidad de crear. No lo hago porque considere que lo que escribo, interpreto o dibujo (otro de mis talentos) sea especialmente bueno o malo, sino abrumada por una enorme fascinación por todo lo que puedo decir de mi mente – y quién sabe si mi espíritu – a través de una palabra o una pieza musical. Me asombra siempre, el poco poder que tengo sobre lo que nace de mis manos, lo que se construye en mi mundo de las ideas. Me apasiona la idea de comprender la realidad desde una perspectiva nueva, refrescante. De asumir el pensamiento que el mundo que te rodea puede ser lo que sueñas o aún más, lo que deseas de él. Un idea preciosa claro, pero que muy pocas veces resulta ser verídica o realista. Pero que casi siempre es atractiva.

Una vez, me encontraba cenando con varias de mis primas, cuando una de ellas, comenzó a hablar sobre mi. Relató las montones de veces en que me resistí a jugar con ellas, las veces en que lloré para que me dejaran en paz, en mi sillón con el libro en las rodillas. Otra agregó que siempre le asombraba que prefiriera escribir y leer en silencio al escándalo, a lo que llamó “el necesario sonido de todo lo que pasa”. Como si para mi, el silencio fuera una forma de expresarme. O quizás ni siquiera algo tan complejo. Simplemente disfrutaba de otras cosas con una intensidad que ninguna de ellas podía comprender. Las escuché boquiabierta, un poco avergonzada. Esa imagen mía, de niña llorona y de adolescente huraña, me lastimaba las heridas aún sensibles de una primera juventud complicada, de esa torpeza social mía que aún de adulta me atormenta. Una de mis primas rió al escucharme.

– ¿Avergonzarte? ¡si siempre te salías con la tuya! ¡Jamás hiciste nada que no quisieras! – comentó. Me encogí de hombros, aturdida.
– No lo hice porque me divirtiera llevando la contraria – expliqué – solo que…
– Eres una rebelde, a tu manera – insistió J., mi prima menor, la más singular de aquel grupo de mujeres. Muchas veces han dicho que nos parecemos, aunque no sé muy bien en qué: J. es alegre y extrovertida, le encanta la música y bailar. El mundo para ella es un lugar colorido y ruidoso, justo lo contrario a como lo veo yo. Pero siempre hubo una gran complicidad entre ambas: a J. es a quien llamo cuando necesito escuchar una versión fresca de algún problema, cuando necesito un consejo amable.
– Oye, admitámoslo, soy como la tía aburrida del cuento – dije, incómoda  – la tía amable que da las buenas tardes y los buenos días. Que es buena vecina y ciudadana, que siempre está dispuesta a ayudar.
– ¿Hay que vestirse de negro y llamarse rebelde para hacerlo? – respondió J. con un guiño malicioso en los ojos verdes – ¿Hay que dejarle bien claro a todo el mundo que eres rebelde? Yo prefiero tu estilo. Haces lo que quieres, sin estridencias. Pero lo haces.

El pensamiento me desconcertó. Seguí pensando en el tema mientras volvía a casa esa noche más tarde. ¿Quién era un rebelde? Nunca se me podría definir como una: soy educada, política, amable cuando puedo e incluso me esfuerzo en serlo cuando me resulta difícil. Tengo lapsos de mal humor mañanero sin mayores consecuencias. Me gustan las discusiones de ideas, me apasiona el debate y los argumentos. Pero un rebelde es algo más ¿No?. Un rebelde lleva la contraria con tanto placer como necesidad. Lo hace siempre que puede, porque debe como una forma de expresarse. Tal vez la rebeldía es un arte y como todos, hay una cierta belleza en serlo. Recordé a los rebeldes de la Universidad, con su ropa negra y desgarrada, el cabello de colores. O a las de la vida común, los que te dejan bien claro que jamás harán nada por la vía sencilla, de la manera normal. El día a día no es para ellos. ¿Que podía decir a eso? En mi caso, se había tratado de un problema de principios. De una manera de ver el mundo y asumirlo como real: Siempre caminé a mi ritmo, lento o rápido. Pero al mio. Por la orilla menos transitada. ¿Eso era rebeldía?

– ¡Claro que sí! – me contestó J. cuando más tarde le hice una llamada telefónica para comentarle mis reflexiones  – ¿Quién es más rebelde? ¿El que lo dice a todo el que quiera escucharlo o el que realmente hace lo que quiere a la manera discreta? Es una cuestión de reformular la idea, o asumir que es fácil decir, pero muy complicado hacer. La realidad se construye y puede narrarse. Pero una palabra puede ser incompleta para definir una mínima visión del mundo.

Era cierto, medité un poco desconcertada. La rebeldía es esa capacidad del ser humano para resistirse a lo evidente, para comprenderse así misma fuera de la idea básica, de lo que se presume es normal, de lo que elabora la interpretación de lo que consideramos real. Pero ¿Quienes son rebeldes? ¿quienes realmente se asumen a dar el paso? ¿Quienes van más allá de creer que la rebeldía es necesaria para imaginarla imprescindible? Recordé las veces que mucha gente me había preguntado cuando “sentaría cabeza”, cuando “comenzaría a madurar” por mi insistencia en hacer las cosas a mi manera. ¿Eso me hacía rebelde?

No lo creía así. Me hacía simplemente individual.

Recordé entonces cuando un día soñé que era un bagre, esos animalitos sin gracia y bigotes que a la vista no son tan agraciados, pero muchos te los puedes comer y decir que son una exquisitez… pero por un momento quizás ellos piensan que pudieron ser catalanas o una sierra, pero no, eran bagres y viviendo con ello, decidieron ser rebeldes a su manera, enfrentar el destino y nadar en contra de la corriente. Le preguntaba a un amigo en estos días, que me hacía falta para lograr lo que comúnmente y sin mucho esfuerzo logran otras personas, me dijo que nada… ¿entonces realmente soy yo quien se siente incompleta? eso también pudiera ser. Sin embargo, mi “YO” rebelde se niega a ser una más del montón.

Pensando en todo eso, esta vez reí en voz alta. Casi me atraganto con el trozo de deliciosa torta de chocolate que no debería estar comiendo pero que estaba disfrutando con todo placer. Me gustó el sonido de mi risa y por una vez, me sentí cómoda, a pesar de mi torpeza. Una manera de crear un mundo particular, de construir una visión de lo individual que pueda no solo definirme, sino más allá, brindarme una manera de soñar.

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