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NO HAY UN NOMBRE, SOLO UN RECUERDO

6 Feb

No hay un nombre… solo un recuerdo, tal como un hombre desea a una mujer.

Y estas ganas, que más allá de imaginarlas, solo electrifican mi cerebro, recuerdo vivo que  activa mi morbo… Nuestro roce, uffff…

Roce que empezó por lo más lejano, caricias que desde tus pies alimentaron tu humedad, esa que antes de desnudarte, ya te había delatado!!

Humedad que directo de tu fuente bebí, y aunque no saciaron mis ansias de tu esencia, esa que entre espasmos e inconsciencias, nos dimos con total sinceridad y desnudos de prejuicios, nuestras pieles no avisaron su extrañeza, pues convertirnos en un solo cuerpo, fue normal.

Para ser la primera vez que nos veiamos. Recorrer tu intimidad fue sublime, sentir tus latidos acelerados fue casi divertido. Pues realmente no espere nunca causar esa sensación en ti, aunque supe de esa posibilidad, no quise darlo por sentado!

En fin, me llena de placer recordarte, picara, juguetona, sorprendente, fogosa y entregada, abierta a nuevas experiencias….

Y recordar esas frases tuyas que acompañaron mis embestidas a tu delicada y jugosa humanidad, me hace revivir casi que el milímetro a milímetro.

Nada como rayar la inconsciencia en un orgasmo, pero mejor aun es saber que esa persona te cuidara aún paseando por el “más allá”!!

Todo cuanto de ti probé, comí, bebí, es y será siempre un Placer! Recordarte, igual. Repetible? Siempre, posible? en nuestras ganas queda!

Cuan rudo ese deseo de expresar lo rico que lo haces, el buen sabor de tus ganas, más aún de tu humedad, pero nada, serás mi secreto erótico mejor guardado!

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PREDESTINADOS….

21 Nov

La ansiedad los consumía, era la primera vez y eso los excitaba aún más. Ella había vuelto de ese viaje sin fin y, si bien él había pernoctado en otros cuerpos, nada se podía comparar con su piel. Ambos sabían a la perfección cuales eran los riesgos que corrían, pero sus pieles se deseaban.

Ya en el lugar, todo a ella le resultó diferente. Extrañaba esa desconexión que solo él podía generar en su piel, en su cuerpo, en su alma. Y se dejaron llevar. Sus senos parecían manantiales dispuestos a calmar su sed. Se entregaron a sus caricias.

Mientras ella se deshacía en deseo, él jugueteaba con su pezón, intentaba contarle una historia, pero no podía concentrarse. Descendía lentamente por su pecho. Sus jeans le molestaba, pero no  quería ir directo al asunto, le fascinaba verla ceder ante la lujuria de sus caricias. Lo sacó de su camino y deslizó su dedo mayor por entre sus piernas, su clítoris ardía en humedad. Su dedo se movía en un constante vaivén dejándola a la deriva. Su mente se nublaba y su miembro crecía y se sentía durísimo entre sus piernas. Él solo acariciaba sus senos mientras su mano hacia el resto. La pasión había encendido el fuego. Se confesaron mil cosas, no se prometieron nada, pero el egoísmo les hacía saber que buscan ser únicos el uno para el otro.

A medida que las caricias y los besos se intensificaban los gemidos crecían en intensidad y lo invitaban a continuar con sus caricias. Sus labios no podían despegarse y en ese momento todo era una fiesta para los sentidos!

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Una de sus manos bajo por su cuerpo deslizándose entre sus curvas, arqueó la espalda haciendo que elevara las nalgas, invitando a sus manos a sentirlas. Sus manos, al acariciar buscaban un punto de mayor placer y ella con suaves movimientos cada vez más rítmicos, lo ayudaba a llegar a ese punto que tanto anhelaba, sus dedos rápidamente se mojaron con su humedad y su excitación casi tenía limites, mordía sus labios y ella gemía mojándose cada vez más, era una invitación abierta a liberar toda la lujuria contenida desde hacía tiempo.

Cambió de posición siguiendo sus impulsos, bajó hasta encontrar el botón de su placer, ella se acomodó y dejó que jugueteara en la parte más íntima dejando paso a su boca que deseaba de una manera desenfrenada sentir su sexo. Sentió sus labios y su lengua llegar a la dulce humedad que la enloquecía, arqueaba su espalda para ayudarle a llegar a una mayor profundidad con sus besos y su lengua; primero suave y luego con mayor desenfreno fue saciando sus ganas… la devoraba por completo, tenía un hambre voraz de ella, de todo su ser….

Llegó el turno de ella. Lo hizo girar y tumbarse boca arriba. Su boca fue bajando por su pecho, cuando llegó al abdomen siguiendo un camino certero hacia su perdición, levantó la mirada, una mirada poseída por la excitación y toda la sensualidad de la que era capaz y entre un gemido y una súplica súbitamente él adivinó sus intenciones y emitió un leve gemido de placer indicándole que podía continuar, es más casi exigía que siguiera su camino hacia lo que iba a ser una de las sensaciones más placenteras que había experimentado en su vida. Primero acarició su miembro para terminar de despertar toda su virilidad y luego en un gesto de completa lujuria lo llevó a su boca, no pudo evitar lanzar un gruñido de placer. Su boca, sus labios, su lengua, todo se movía al ritmo de su cuerpo, por un momento se fue de este mundo delirando de placer, sus cabellos revueltos completaban una imagen de pasión muy difícil de controlar en su mente. Él ganó la apuesta, ella no pudo introducir su gran pene completo en su boca, pero estaba segura de que eso fue lo menos importante en el sexo oral que le brindó… lo hizo suyo.

Esto continuó por unos minutos que parecieron eternos hasta que no pudo contener sus ganas de penetrarla, por lo que la tomó delicadamente por los brazos pero con firmeza y la acercó a él, besándola nuevamente con toda la pasión que podía expresar en ese momento, fue bajando hasta sentir con su lengua la dureza de sus pezones que anhelaban tanto como ella ese contacto. Decir que su cuerpo encontró placer al tener sus labios en sus pechos es poco, todo su cuerpo respondía a la excitación del suyo y en ese momento tenían una fusión que iba más allá de lo corporal, sus mentes vibraban en una misma frecuencia.

En el momento de mayor excitación cuándo ya no podían de tanto placer ella se estiró sobre la cama y él se acomodó encima para penetrarla. Ya no podían evitar el desenfreno por lo que la penetró con fuerza, ella ahogó un gemido de placer, con cada embestida intentaba acallar sus gemidos mordiéndose los labios, aunque casi era en vano dado que el gemido contenido se hacía escuchar.

Él comenzó a embestir con ritmo sus caderas, su vagina, su cuerpo. Se trabaron en una guerra de puro placer, sus cuerpos encontraron rápidamente el ritmo del otro y no podían más que sentirse en la cúspide del éxtasis. !Que visión y que mezcla de sensaciones poderosas que puede generar el acto sexual!.

Estuvieron varios minutos disfrutando de esa unión por momentos salvaje pero con una armonía total entre sus cuerpos, sus gemidos iban en aumento y no podía evitar sentirse muy mojada cada vez más dejando su miembro totalmente lubricado, él logró, en cada embestida, que la sensación de placer al penetrarla fuera única.

En la cúspide….en el clímax entre gemidos que la llevaban a su propio clímax, su cuerpo comenzó a vibrar, él pudo sentir su frenesí próximo al orgasmo, su cuerpo comenzó a temblar y toda su piel se erizó con el solo contacto de su cuerpo sobre encima de ella.

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Él continuó, aprovechando ese impulso sobrecogedor de sentirla y entró por la puerta trasera, que excitante mezcla de dolor y placer, comenzó a acelerar el ritmo, la sensación de presión dentro del ano lo abrumó por completo y lo llevó al orgasmo, un orgasmo liberador con un gemido continuado, con la respiración entrecortada, con un gruñido de placer que nacía desde su garganta, con una liberación que nacía en su mente y se extendía por todo su cuerpo. Sus cuerpos vibraban al unísono, la respiración entrecortada fue calmándose, él sobre su pecho, las manos de ella en su espalda en un abrazo compañero, tranquilizador, fueron volviendo a la calma, aunque sus mentes, luego de tal torbellino difícilmente puedan volver a ser los mismos.

Ha pasado el tiempo desde ese momento, en principio ella escribió este relato para inmortalizar uno de los  momentos más excitantes de su vida. Lo escribió pensando en él y solo para él…. este relato fue escrito solo para sus ojos, donde sea que esté.

PRINCESA POR UN DÍA…

3 Feb

Erase una vez la bruja de tus pesadillas sexuales, esas que son capaces de no sentir nada ante lo que todos sienten algo, esas que pueden llevarse a todo el mundo por delante con tal de convertir un sueño en realidad, de esas que olvidaron sonreír, pero ante todo, olvidaron como tener sexo con amor.

Un día un mensaje inofensivo de un sapo llamó su atención, era extraño que esa renacuajo le escribiera, nunca habían tenido una relación más allá de un simple “Buenos días”, seguir adelante sin mirarlo era su especialidad, pero ese día, cortésmente respondió al mensaje de manera amable, como pocas veces lo hace. Eso fue el inicio de una carrera desenfrenada de mensajes, preguntas y respuestas, bajó sus muros y dejó que ese sapo entrara a su castillo oscuro, donde solo puedes entrar a riesgo de que te quedes enredado en sus encantos. Pero ella tenía un secreto… soñaba con ser amada, soñaba con la suerte de las princesas que encuentran a sus príncipes montados en sus corceles blancos, altos, guapos y viriles.

Él era un sapo educado, amable y muy caballero, hasta podría pasar por príncipe si se lo proponía, la llenó de halagos y la sacó de su castillo, le mostró que había mundos hermosos y llenos de colores, la llevó agarrada de la mano para darle seguridad, le regaló besos interminables, abrazos que la hacían temblar y ella se fue dejando llevar por esas sensaciones que había olvidado, esas emociones que otros sapos se habían encargado de matar con sus acciones.

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Aquella noche se puso un traje rojo de princesa, hermoso y sensual, dejaba entrever su rostro lleno de luz, radiante y feliz. Esperó a su sapo y cuando llegó venía transformado en príncipe, ataviado con rosas en una mano y una botella de vino en la otra, un largo beso de bienvenida dejó todo aquello para entregarse a aquello que se parecía tanto al sentimiento olvidado hacía tanto tiempo, se aferró a su cuello mientras era correspondida en la intensidad y el deseo. La llevó finalmente a su castillo, perfumado de pasión, luego de una rica cena y algunas copas de vino, la conversación giró en torno a lo ruborizado de su rostro, lo encantadoramente bella que se veía y finalmente el brillo especial que había en sus ojos al mirarlo.

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Música especialmente escogida para ella sonaba en la habitación, extasiándola, envolviéndola en un ambiente que le recordaba algún otro en su pasado, pero este era diferente quizás porque había saltado sus propias barreras, estaba rompiendo paradigmas, aceptándose a si misma, encontrándose a través de sus propios movimientos… él la tomó y la llevó a aquella habitación decorada en rosa, rojo y blanco, una amplia cama con sábanas blancas resplandecientes daban luz al techo, rasgó su atuendo rojo, dejando entrever un cuerpo lleno de deseos, que temblaba al tacto de sus manos, bajó hasta encontrar su intimidad ahogada en fluidos, SEDUCCIÓNtanteó su deseo e hizo suyo todo el fuego que emanaba de su piel. Sus labios se fundieron en un beso eterno mientras sus manos recorrían todo su cuerpo encontrando a sus pezones erectos, listos para recibir toda la caricia que fuera posible, bajó por su cuello y se detuvo en sus senos, con los que jugueteó sin piedad mientras con su mano estimulaba el clítoris, oleadas de placer recorrían su cuerpo, mientras su pene estaba erecto y listo para hacerla sentir parte de sí mismo, la respiración era afanosa, entrecortada, rápida, casi de muerte cuando no pudiendo resistir mucho más se fundieron en un solo cuerpo, embestidas rápidas, gemidos ensordecedores, todo el mundo al pie de esa cama regocijándose de su frenesí. Pero este es un cuento de hadas que duró toda una noche de sexo, de pasión, de lujuria y de varias penetraciones vaginales y anales, de demasiados orgasmos para ser contados, de muchos besos y promesas de amor en un castillo encantado. El amanecer llega con muchas sorpresas, ella sigue siendo una princesa, él, el mismo príncipe que le dice: -Te ves hermosa luego de hacer el amor- y se van en su corcel blanco, se despiden con la promesa de un nuevo capítulo de este cuento.

Pasan los días, ella espera…

No llegan las señales de humo, ni los mensajes en palomas mensajeras, mira a través de su ventana, siente como le invade nuevamente la desesperanza, ella, vuelve a ser la bruja de tus pesadillas sexuales, su castillo es el templo de su lujuria donde no pudo habitar el amor…. A lo lejos, él, el sapo canta en su charca, esperando convertir a otra bruja en princesa por un día.

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